(Continuación )

 La Señal De La Cruz

Tres meses después, el grupo sacó el segundo y último álbum, con una carátula inspirada en el Cristo de San Juan de la Cruz, de Dalí, que volvió a causar polémica. La situación los impulsó a decidir marcharse del país en noviembre de 1970, siendo despedidos por un grupo de fans en el Aeropuerto Pudahuel.


- Luego del disco...

Vino un rechazo muy fuerte de cierta gente, hasta nos querían excomulgar. De repente en la calle querían pegarnos y cortarnos el pelo. Nos gritaban "maricones", "drogadictos". Nos tocó una época de cambio que fue terrible en muchos aspectos. Si con el primer disco la censura no alcanzó a decir nada, en el segundo, el "Crucificado", sí que fue una situación complicada. Imagina a una mujer en la cruz, es algo bien especial.


- ¿Y cuál era el pensamiento de ustedes como para llegar a expresar ideas estéticas de tal crudeza?

Hay una época en que tú quieres cambiar el mundo. En la universidad empiezas a ver el mundo político, que el comunismo tiene sus cosas buenas y que el capitalismo no. Todo eso te lleva a creer que eres dueño del mundo y puedes modificarlo.

 

- ¿Y las letras de los temas?

No había un mensaje específico. Musicalmente queríamos cambiar el sistema, pero temáticamente no se expresaba. Hablábamos de cosas muy simples, a lo mejor eran canciones de amor pero vistas de otra manera. Por ejemplo, hay una que se llama "Evol", que es Love al revés. Y el texto sólo era deletrear cada letra: "Eeeeee, Vvvvvv"... Y eso era todo. No había metáforas, sino que era mucho más aleatorio. Por otro lado, la estrofa de un tema que se llamaba "Waterfall" decía: "Pasa un camión negro, tú te quieres subir a él pero no quieren dejarte". Claro, a lo mejor el camión puede representar otra cosa, pero en su momento fueron escritas sin pensarlas demasiado.


- Y luego vino el recordado festival de Piedra Roja, el Woodstock criollo...

Pero nosotros no tocamos. Muy bonita la iniciativa. Nos invitaron, pero llegamos allá y el caos era tremendo. Todos querían tocar. Debido a eso algunas bandas estuvieron hasta dos horas en el escenario. Incluso andaba Eduardo Gatti y tampoco pudo tocar. De ver el despelote nos fuimos.


- Se fueron de allí y del país. ¿Por qué decidieron partir a Estados Unidos?

Para aprender. Ya no quedaba mucho que hacer aquí. Empezó a quedar la escoba en el ambiente artístico y con el pelo largo uno pasaba por guerrillero. Entonces, allá surgió la propuesta de tocar ritmos latinos, harto bossa nova, para sobrevivir económicamente, lo que nos permitió comprar instrumentos nuevos y aprender. Estuvimos tres años afuera.

 

 

Hay Algo Allá Afuera


Aceptando una invitación tendiente a reagrupar Aguaturbia para el siguiente Festival de Viña, Corales y Denise volvieron a fines de 1973. Pero el circulo se estaba cerrando. Y vino el adiós, en el Teatro Andes y el Caupolicán, en marzo de 1974. Posteriormente, Corales emprendió junto a Denise proyectos nuevos como Panal (1976) y La Mezcla (1984). Se unió como guitarrista a la Orquesta Festival de Horacio Saavedra, como modo de vivir de la música. Pero el aura de Aguaturbia persistió. Y en 1993, los coleccionistas ingleses editaron el recopilatorio "Psychedelic Drugstore", como un modo de insertar a la banda -y no es exageración- entre los clásicos del rock internacional.


- Al poco tiempo de partir, volvieron...

Claro. Queríamos tener una despedida del grupo de alto nivel. Primero estuvimos en el Festival de Viña cuando animó Cesar Antonio Santis. La gente de adelante salió arrancando, tapándose los oídos. Luego vino lo último, con nuestro público. El que se hizo en el Teatro Andes fue el más comentado. Estaba lleno, había gente colgando, e incluso hubo uno que se cayó. Y Aguaturbia se acabó.

 

- Se acabó, pero tu relación con la música no.

Así es. Después formamos un dúo que se llamaba Flaco con el que hicimos un solo tema. Luego creamos un grupo progresivo o fusión que se llamó La Mezcla, con el baterista de la Banda Metro. Después toqué en un grupo sinfónico, Latinomúsicaviva, donde había gente de música docta. Era como Chick Corea tocando folklore. También Panal, de 1973, que era como Santana.


- Hasta hoy vives de la música, ¿pero a qué costo artístico?.

Como estaba casado tenía que mantener a mi familia. Me contrataron como guitarrista en el Festival de Viña, donde aprendí a leer música. Sé que variamos hacia otro tipo de música, porque había que sobrevivir económicamente y prefería eso a estar en una oficina con horario. Vivo honradamente y no tengo ningún drama con eso. Por lo demás, me ha servido mucho para aprender de estilos y de producción. Ahora, cuando ganó el NO hubo una reestructuración en TVN que me dejó sin trabajo estable por dos años. Ahí decidí habilitar mi propio estudio, y está claro que si hubiera tocado sólo rock, no tendría lo que tengo hoy. Y ahora puedo hacer un disco de rock a mi manera en la casa.


- ¿Qué pasa con el rock chileno hoy?

No pasa nada porque a los que manejan el cuento no les interesa, porque son parásitos de otra gente. Estoy hablando de la gente de los sellos y de algunos de los medios de comunicación también. Son quienes tienen una oficina a donde les llegan discos extranjeros con posters, lápices, gomas y dulces, pero que cuando aparece un grupo chileno le piden que traiga un material grabado, para lo cual hay que arrendar un estudio, y como son muchachos sin experiencia van a gastar un dineral para hacer un demo. Entonces ahí empieza el bajoneo y las deserciones. Por el lado de los músicos ocurre un exceso de expectativas ante un mercado que es minúsculo. Y a veces, cuando consiguen entusiasmar al sello para que los apoye en, por ejemplo, una grabación en el exterior, generalmente son mal aprovechadas.


- Antes hablamos de la posible resucitación de Aguaturbia...

Hay varias propuestas para tocar y reunir al grupo el próximo año, pero no queremos hacerlo por afán de lucro, así que optaremos por lo que creamos resulte más atractivo para la gente y para nosotros. Propuestas de radio existen. También está la intención de grabar un disco, aunque pensamos editar pocas copias para que sea un tesoro. Pretendemos ser el mismo grupo de hace treinta años. Aprovechando las posibilidades de la tecnología, pero con el mismo espíritu.

 

 

DISCOGRAFÍA


- AGUATURBIA (1970) Arena. RCA.

En una grabación que tomó tres días, la banda debió desplegar al unísono su potencial, pues no había más de cuatro pistas en el estudio. Estas condiciones llevaron a Corales a preocuparse personalmente de dibujar las letras de la carátula del disco, como un graffiti. La mayoría de los ocho temas eran originales, aunque habían versiones de otros como Jefferson Airplane. "Hacíamos 'Somebody to Love', pero la complicamos instrumentalmente. En general se logró una buena mezcla. Lo encuentro genial (al lp), porque capturó una esencia de un momento que no se repetirá".

 

 

- VOLUMEN II (1969) Arena.

Bautizado en forma peyorativa por el grupo como "El Crucificado", debido al diseño de su carátula, este segundo disco es hoy escaso y muy difícil de encontrar en los mercados de venta de vinilos usados. "Era más denso, le gustó a menos gente, aunque se vendió con más rapidez que el otro, debido a la expectativa generada alrededor del grupo", admite Corales quien revela que temas como 'Waterfall ' y 'Evol' son los preferidos por los seguidores de la banda en el extranjero y por los coleccionistas de música sicodélica. Particularmente, la banda tiene mucha estima por la canción 'Aguaturbia', verdadera declaración de principios del cuarteto.

 

 

 

"EL HOMBRE DE LA GUITARRA / HERMOSO DOMINGO". (1973)

Con temas prestados, Corales y compañía regresan (discográficamente) a Chile. Quizás en este single se encuentran los momentos más accesibles de toda la carrera de la banda, con una balada precisa y efectiva más una optimista canción pop. Extrañamente alienados del caos que atravesaba al país en esos años, Aguaturbia sale a flote exclusivamente por la calidad interpretativa de su guitarrista, que aquí utiliza mucho "slide" sobre las cuerdas de su querida.

 

Volver a Página anterior